Microstays in more than 3,000 international Hotels

Llega San Valentín. ¡Escóndete!

Llega San Valentín. ¡Escóndete!

Pretendientes, cónyuges, tortolitos, acaramelados, prendados, embobados, seductores y cortejados, amantes y amados, chalados, locos y apasionados… Están entre nosotros. Están en todos los lados. Hay veces que son capaces de camuflarse entre los demás, hay otras que les resulta imposible porque la expresión de sus caras les delata. Y es que no tiene que ser nada cómodo tener mariposas dando vueltas por el estómago, cualquiera luciría una cara rara teniendo unos bichos en las entrañas. Así son los enamorados, a ellos les encanta esa sensación de gases en la tripa y ostentar su amor a pesar de que a los demás no nos importa un pepino saberlo. Si además coincide que es 14 de febrero, día de San Valentín, no hay manera de librarte de ellos. Ese es su día y tú, que gozas con placer de tu soltería, estás destinado/a a pasarlo mal: tendrás que ir sorteando a gente que se da la mano por la calle, no podrás ir a ningún restaurante porque estarán todos a rebosar de parejitas felices. El mismo discurso vale para bares, cines, teatros y en general toda la superficie terrestre. Ni se te ocurra poner la radio intentando alegrarte un poco el día, todas las canciones harán que te quieras cortar las venas. Y por supuesto, olvídate de hablar con alguien por teléfono ya que estarán todos con la línea ocupada despidiéndose con un “cuelga tú” – “ no, tú” y tendrás que esperar hasta que la muerte no les separe.

 

¿Y qué te queda entonces? La hibernación no es una opción, a menos que seas una ardilla, una marmota o un murciélago, pero en ese caso dudo de que estés leyendo esto. La solución es sólo una: huir. ¿A Marte, quizás? ¿O Saturno suena más exótico? La verdad es que no hace falta ir tan lejos y gastarte un dineral para construir tu propia nave espacial. Con que te regales una microestancia en un hotel será suficiente. ¿Acaso uno no puede celebrar el amor consigo mismo? Y a los enamorados, que les den.

 

Si en casa no tienes bañera, podrás empezar dándote un buen baño caliente con una cantidad tan bestia de burbujitas que esos del cava acabarán contratándote para su próximo anuncio de Navidad. Cuando hayas acabado, podrás hacerte un book entero de selfies en el espejo del baño sin la preocupación de que alguien te ponga prisa porque tiene una urgencia intestinal. Y lo podrás hacer mientras degustas la especialidad del chef del restaurante que te han traído los del room service y comer con las manos, si quieres. Nadie te verá. Nadie te podrá decir nada. Eso sí, después de haber estado deleitándote con tales actividades de dudosa integridad moral, también podrías pasarte por el gimnasio, la piscina o la sauna del hotel y regalarle a tu cerebro un chute de oxígeno.

Piensa en todos esos pequeños placeres que podrás darte cuando tengas sólo para ti todas las comodidades que ofrece un hotel (y la soltería). Este San Valentín, dedícate unas horas para mimarte y enamorarte otra vez de ti.

 

 

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